ORGULLO PROPIO Y DAÑO COLATERAL
- Oseas Chacón
- 26 oct 2021
- 4 min de lectura
Actualizado: 13 nov 2021

Todos los días eran hermosos en el Edén, el viento fresco y puro, soplaba con libertad. Los animales conviven y el agua era clara, tan clara que fácilmente podías divisar los peces que no temían la presencia humana.
Lo mejor del día eran los paseos con Dios, contemplar su majestad y Su Gloria. La creación es una maravilla, pero cuando se ve a Dios, la naturaleza pierde importancia y esplendor. Simplemente, Dios no tiene comparación.
Ese día parecía ser como todos, comían de las frutas y disfrutaban pasear por el jardín, no se sentía el miedo y no existía la vergüenza por ver los cuerpos desnudos. Ya habían recibido la ordenanza: “Del fruto del árbol del bien y del mal, no comerán”, no era difícil de entender, Dios ya había dado la ordenanza a el hombre, Adán, y Él se lo compartió a la mujer, Eva.
Pero ese día, la serpiente fue persuasiva, aprovechó el momento que Eva fue a buscar unos frutos que siempre preferían. La serpiente implantó duda en la mente de Eva. Adán estaba esperando que llegara su idónea, nunca había tardado tanto como ese día, pero al fin llegó. Era un fruto diferente, era el fruto prohibido.
La Palabra de Dios había sido dicha, la serpiente la cuestionó y prometió que serían como Dios, incluso dijo que no morirían. Hizo que la Palabra de Dios se entendiera como una exageración.
Entonces, Adán también comió. Sus ojos fueron abiertos, como si un velo se quitara de su rostro, pero, la sensación no era de libertad, tampoco de victoria. En el pecho se sentía algo diferente, totalmente nuevo y feo, se sentían incómodos mientras se veían su rostro.
Mientras exploraban alrededor, vieron cómo un animal perseguía a otro, eso también era nuevo, las hojas de los árboles empezaron a caer, y con el ambiente tenso volvieron la vista a sí mismos y supieron que estaban desnudos.
“Desnudos”, era una nueva palabra, desnudos ahora sería sinónimo de vergüenza, desnudo era la sensación en el corazón, desnuda también estaba la conciencia y desnuda su vista.
La hora del paseo había llegado, como todos los días. Los “Desnudos” escucharon que Dios había llegado. ¿Qué debían hacer? Decir lo que pasó era una buena idea, pero sentían algo dentro de sí que les gritaba que se escondieran, que huyeran, que la confesión es para los débiles y que los que “saben más” nunca se deben arrepentir.
Entonces Él les llamó: ¿Dónde estás tú?, era la primera vez que Él tuvo que preguntar, siempre estaban ansiosos por ese momento y lo estaban esperando, pero como todo en ese día, también ese momento fue diferente.
Entonces Adán respondió detrás de un arbusto: “Escuché tu voz, tuve miedo y me escondí”. ¿Desde cuándo la voz de Dios produce miedo? ¿Esconderse? ¿Por qué el miedo? Gozaban de una comunión íntima. Dios sabía dónde estaba escondido, pero quería que Adán confesara y admitiera que era culpable. Pero en esos minutos, algo ya había crecido en su corazón, uno de los más grandes enemigos de los humanos desde entonces, El Orgullo.
No podía simplemente decir que era culpable, que tomó la decisión de quebrantar la ley de Dios. El orgullo ya había ganado terreno y había traído consigo a un amigo muy íntimo, el miedo.
Adán dijo la primer excusa en el mundo: “Tuve miedo porque estaba desnudo”. Dios al escuchar esa excusa preguntó sobre su reciente conocimiento de la desnudez, la pregunta de Dios no fue ¿Cómo? Sino ¿Quién? ¿Quién les enseñó?
El orgullo no permitirá que admitas una culpa, aunque tu decisión haya provocado un daño colateral, el orgullo y el ego te harán culpar a alguien más. Adán lo hizo, y nosotros también lo hacemos.
La respuesta de Adán indirectamente culpaba a Eva, pero directamente culpaba a Dios. “La mujer que TÚ ME DISTE”. Es impresionante el patrón de excusas, culpas no admitidas y acusaciones que se encuentran en este pasaje y que nosotros seguimos exactamente el mismo patrón.
De nuestro lado, se ve más o menos así: ¿Dios, por qué permites esto? ¿Por qué dejas que suframos? ¿Por qué no me sanas? Ninguna de ellas son simples preguntas, cada cuestionamiento sigue un patrón arcaico del pecado de Rebeldía, Orgullo y Ego, mientras nos escondemos de Dios, al arbusto ahora lo llamamos diferente, "la enfermedad que tú permitiste", "el país que me pusiste", "la familia que me diste", "el trabajo que me diste". "el ministerio al que me llamaste", entre otros.
Si Dios no hace lo que pedimos, si no responde lo que le preguntamos, Él tiene la culpa ¿no? Ese es el pensamiento que predomina detrás de muchas de nuestras oraciones y cuestionamientos, quizá no lo sabías pero, no somos diferentes a Adán ni a Eva. Somos iguales, somos humanos, somos pecadores, somos el daño colateral. Solemos usar muchas ocupaciones, vicios o decisiones como escondite.
En medio de toda esta oscuridad, aparece el héroe de la historia, una promesa. El héroe no es Adán ni es Eva, el héroe aparece como una profecía, El Segundo Adán, que será sometido a tentación pero las vencerá, y que dará vida eterna. Gn. 3:15. La Simiente de la Mujer, al fin dará un golpe mortal a la serpiente, y en Él habrá Esperanza, será la Verdad, El Camino y la Vida. Juan 14:6.
En esta maravillosa historia, no podemos pasar por alto el versículo 21. "Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió." Esto es la centralidad del Evangelio, cómo Dios nos ve desnudos y avergonzados y Él provee vestimentas para cubrir nuestra vergüenza.
Dios proveyó vestidos, con la piel de animal para cubrir la desnudez de Adán y Eva, también es una profecía del Mesías que cubriría nuestra vergüenza y pecado.
El humano no encontró la solución, no creó una fórmula, simplemente quedó incapacitado. Ninguna obra humana podrá cubrir la culpa ni el pecado. Sí lo hace la sangre del cordero de Dios, Él quita el pecado del mundo. Juan 1:29.
Llegar a la cruz es abandonar el orgullo, que Su sangre nos limpie. El Cordero ha sido sacrificado, La vestidura ya fue provista por Dios mismo para que cubramos nuestra desnudez. El pecado ha sido vencido en la cruz, "La Simiente de la Mujer", ya venció. Serás verdaderamente libre cuando lo conozcas a Él. Juan 8:32.
Lecturas de pasajes de la Biblia: Génesis 3, Juan 14:6, 1 Juan 1:9, Juan 3:16



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