IGUAL QUE LOS MINEROS - Asombrados por el tesoro en nuestras manos.
- Oseas Chacón
- 7 dic 2021
- 3 min de lectura

Recuerdo las noticias del 5 de agosto del 2010, no es que tenga tan excelente memoria, es que la noticia se sigue recordando hasta hoy.
Hace 11 años del incidente en Chile, cuando 33 mineros quedaron atrapados mientras trabajaban. Durante 69 días estuvieron encerrados en la profundidad de una excavación minera luego de un accidente.
Casi toda Latinoamérica se emocionó cuando por fin salieron, luego de arduo trabajo en la superficie.
Permíteme llevar esta noticia a un problema cotidiano.
El compromiso que asumimos a principios de año, desencadena en los siguientes meses un afán y ansiedad que es difícil de controlar. El resultado de esto suele ser un legalismo o termina siendo similar a una competencia. Es un encierro del que es difícil salir.
Estoy hablando de la lectura de la Biblia. ¿Cómo algo tan bueno puede convertirse en algo malo? Bueno, sucede que tenemos la habilidad de convertir en dañino aquello que es bueno en sí mismo.
La lectura de la Biblia es bueno en sí mismo, pero cuando lo hago por competencia, para compararme, para sentirme superior que el resto que no lee, que no cumple con sus compromisos de "La Biblia en un año", entonces el ejercicio se vuelve dañino.
Está el otro lado de la moneda, no en que te sientes superior por leer, sino que te sientes inferior por no leer. En ambas posturas no se está entendiendo realmente lo que significa leer la Palabra. Ambos extremos son un encierro.
Más que haber concluído con un plan, tener una cantidad de capítulos leídos para el domingo e informarlos, se trata de profundizar en ella para vivirla.
El Salmo 1 nos habla de una persona que medita en la Palabra día y noche, esta persona dice el salmista, "es como un árbol junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae y todo lo que hace, prospera".
Con el tiempo he aprendido que puedo meditar en un pasaje específico (y en su contexto) durante semanas, cavando cual minero que ha encontrado oro. Me deleito cuando esas verdades son traídas de lo abstracto a lo concreto. Cuando me encuentro con el Dios personal, que tiene emociones y que me acompaña. Encontrar esas verdades y vivirlas es como haber encontrado oro.
Pienso que el estudio de la Palabra se asemeja mucho a ese oficio, los mineros saben lo que buscan y viven de lo que encuentran.
La salida de este encierro está en comprender por qué leemos, no es para agradar a Dios o ser aprobados por Él, eso ya lo tenemos en Cristo. Lo hacemos porque ya somos aprobados, porque somos sus hijos, porque es deleitoso meditar en ella. Es en ese ejercicio que también somos moldeados, crecemos en Santidad y dependencia de Dios. Donde soy expuesto y mi pecado es alumbrado con esa lámpara.
Fijar nuestra mirada en Cristo evita que la tengamos en nosotros mismos y en los demás. No la tengo en mí para no enorgullecerme cuando leo mucho y no deprimirme cuando no leo nada. No tener la mirada en los demás, evita la comparación, la murmuración, el juicio, chisme, envidia, celos, etc.
Entiendo entonces que, puedo saborear esas palabras con tranquilidad y disfrutarlas, pues como dijo David en el Salmo 119:103: "¡Cuán dulces son a mi paladar Tus palabras!, Sí, más que la miel a mi boca."
Permítete emocionarte al leer Su Palabra, ser moldeado como el barro por el Alfarero y nunca pierdas el asombro de tener en tus manos un gran tesoro.



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